Por Tania Lavanderos
Se acabó el festival, algunos volvimos a la facultad, otros a laburar, a sus ciudades, a sus puestos de combate… pero nos quedamos con las mejores ganas de terminar el año, con el cuerpo lleno de películas por dentro, de esos tesoros que no se vuelven a encontrar . Se agradece al festival por tanta calidad cinematográfica…
“Abrir puertas y ventanas” ganó el premio a la mejor dirección, de Milagros Mumenthaler, y el premio a la mejor película. Gracias a la intuición, supongo, tuve la oportunidad de ver la película un día antes de la entrega de los premios y realmente fue de las mejores que vi.
La película nos refleja la convivencia de tres hermanas, que luego de la muerte de la abuela, Alicia, cada una trabaja la ausencia desde las distintas miradas que las diferencian a una de lo otra. Comprendemos naturalmente que las relaciones entre hermanas nunca son fáciles, que la convivencia tampoco. Y que la pérdida siempre provoca una reacción que desde lo cotidiano se vive de una forma en donde es el otro el que debe comprender que pasa y por qué. Pero cuando el otro, la otra, también ha perdido algo que no se recupera, las miradas, las palabras, las relaciones mutan, cambian, se transforman o no. Pero las hermanas siempre son hermanas, de buenas, de malas, en compañía, entre silencios, en soledades…
Los colores, el arte, el cuidado estético deja la marca femenina en un film realizado por mujeres, entre mujeres, y que la marca, hermosa, sutilmente trabajada se nota, se destaca y se agradece.
Cada plano, cada momento se llena de detalles para crear una historia que deja de importar cuando es el vínculo el que se construye, y el que representa una forma de ver, de mirar y de entender. El espacio vacío conmueve . Cada mirada busca algo, y las sonrisas, escasas, permanecen, como así el silencio. Los tiempos despacios, el cambio sutil, y la partida.