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Entrevista a Gerardo Otero

Docente de la Carrera de Actor y Director de Artes Escénicas del CIC, Gerardo Otero es un incansable trabajador del teatro. Este año, ha llegado el merecido reconocimiento por su labor en RED, la exitosa obra dirigida por Daniel Barone y en la que actúa junto a Julio Chávez, nada menos que en los prestigiosos Premios ACE en el rubro Mejor Actor de Reparto en Drama.


Pero antes de esto, la trayectoria de Gerardo ha estado signada por la entrega y el trabajo incansable, participando de grandes obras como “La Omisión de la Familia Coleman”, “Buena Gente” y “Agosto” de Claudio Tolcachir, trabajando junto a Norma Aleandro y Mercedes Morán. Coronando un año brillante con su participación en “Guapas” la exitosa tira que emite Canal 13. Y fundamentalmente, siempre enfocado en la docencia, en donde reconoce encontrar una parte importante de su pasión por este arte.


¿Qué significó para vos el reconocimiento en los Premios ACE como Mejor Actor de Reparto en Drama? ¿Hubo un antes y un después?

Creo que significó más para el afuera, que para mí. Para mí sí lo hubo en relación a lo que recibo de la gente. Quizás no tomo conciencia y también prefiero no tomarla. También me pasa un poco en lo cotidiano. El día del estreno en RED, me preguntaba por qué me filmaban y me sacaban fotos a mí, como si no tuviese nada que ver con la obra. Me es ajeno. No me hago cargo ni un poco de eso. O que te pidan fotos al terminar la función, para mí es algo muy extraño. Lo disfruto, me divierte y lo hago con gusto, pero no me creo ni un poco que sea verdad. Y con el premio me pasó lo mismo. Ya con la nominación era más que suficiente para mí, de hecho fuí con mi vieja y con mi abuela. Y me pasó de ver ese momento en el que anuncian los nominados y al aparecer mi imagen tuve la sensación de que era alguien diferente a mí. No me reconocí. Y cuando me nombran fue como que tardé un poco en entender que tenía que subir a agradecer. Obviamente subí y fue hermoso. Lo más lindo del premio fue la posibilidad de agradecer. Más allá que obviamente el reconocimiento del jurado es muy importante. Y me encantó lo que se generó en la gente: familia, seres queridos… para los que la distinción avaló un poco el trabajo que venía haciendo. El premio es un mimo hermoso, no lo voy a negar, pero obviamente no es necesario para legitimar o no el trabajo que viene desde hace años. Ver que un montón de gente se puso contenta fue algo muy lindo, saber que te quieren, que en verdad es lo que buscamos. Que te quieran y que reconozcan tu laburo. Y fue lo que sucedió.


¿Cómo es trabajar junto a Julio Chávez en RED? ¿Te sirvió tu experiencia previa en “Agosto” de haber estado involucrado ya en proyectos con actores más famosos?

Con “Agosto” pasó que yo ya había visto la obra previamente. Fueron tres ensayos sobre el escenario y empecé a hacer funciones. Fue un proceso medio animal, y en ningún momento fui demasiado consciente. Recuerdo estar ensayando y de repente me vi sentado en la mesa de la obra, que es una escena en la que están todos, y miraba para un lado y la tenía a Norma (Aleandro), miraba para el otro y estaba Mercedes (Morán). Pero sin embargo creo que tiene que ver con comprar o no el personaje. Uno puede actuar con “Norma Aleandro”, “Mercedes Morán” o “Julio Chávez” pero ser consciente que son “personas”. Y yo intento vincularme desde ese lugar. Si yo hubiera sido consciente en esa mesa de “Agosto” que estaba sentado junto a Norma Aleandro, no hubiera podido actuar. Se trata de empezar a jugar desde otro lugar. Lo mismo con Mercedes Morán, con quien también estuve en “Buena gente”.


Hoy por hoy, me pasa al llegar al teatro que veo los camarines y toda esa escenografía y pienso: “todo esto es para Julio y para mí”. Ahí tomo dos segundos de conciencia de la situación. No me pasa actuando, pero sí en la previa quizás, chequeando la utilería, que lo veo a Julio y miro con otros ojos, dos segundos y me digo: “estoy acá, actuando con Julio Chávez” y vuelvo a la normalidad. Es un laburante, trabaja a pleno, de manera obsesiva en el buen sentido. Y tiene su manera de trabajar como cualquier otro actor. En su caso, con mucha experiencia y con mucho análisis del trabajo. Se apasiona y le gusta el problema del teatro. Está todo el tiempo pensando en ese sentido. Esta como ese mito de “Julio Chávez”… y de repente para trabajar es todo mucho más natural. Cada actor tiene su manera, su método y ahí no está el punto, tal vez no hay grandes diferencias en eso, lo que cambia es la trayectoria, la experiencia y ahí sí tenés mucho para tomar de lo que te interesa, y aprender. En ese sentido, siempre son maestros. Por una cuestión de experiencia. Y cuando uno tiene ese tipo de figuras: Norma Aleandro, Mercedes Morán, Julio Chávez, estás todo el tiempo dialogando con la forma en que ellos construyen y tratando de aprender y tomar lo que te sirve.


A pesar de tener un año tan movido, ¿no renuncias a la docencia?

Las clases son un espacio al que yo vengo apostando hace muchos años. No sólo por la seguridad económica, para esos momentos en los que no hay laburo como actor, sino que también me apasiona mi desempeño y mi crecimiento como docente y me interesa tanto como mi trabajo de actor. Porque me da placer y lo disfruto. Dar clases me interesa tanto como actuar. Entonces ese espacio para mi tiene mucho valor, y busco que año a año se profundice más. Y que sea cada vez más potente.


¿Y cómo hacés con tu tiempo libre?

A partir de RED, me surgió la posibilidad de abrir más grupos, sin embargo prioricé tener un día libre, al que ya le sumé un montón de actividades, pero que son personales, como entrenamiento y demás, no trabajo.



Los castings siempre son complejos para los actores, “La lección de Anatomía” fue tu primera audición para teatro a los 16 años, y lograste el papel, algo que no sucede todos los días, ¿qué recordás de aquella experiencia?

Me acuerdo de ese momento, algo que sigue intacto, la pasión por hacer. Por hacerlo. Tal vez ahora tendría más herramientas que en ese momento. Pero el deseo es el mismo.

Yo era chico, tenía 16 años, y la obra tenía un desnudo. Mi mamá me preguntaba si me iba a animar a hacerlo, y a mí la verdad ni me importaba el desnudo, me importaba lo que tenía que actuar. Recuerdo eso, el deseo, las ganas de quedar y haber ido a buscarlo con todo. Después podés quedar o no, pero eso es anecdótico.


En teatro no hay tantas posibilidades de audicionar. Es algo más propio del cine. Me avisó un amigo, fui y quedé. Igual lo considero algo muy relativo. A veces alguien va a acompañar a un amigo y termina quedando, así como también es cierto que hay gente que viene haciendo un montón de audiciones y no queda.


A partir de allí fuiste dirigido por directores como Guillermo Flores, Emilio García Wehbi, Claudio Tolcachir entre otros, si tuvieras que recordar diferentes aspectos y sin necesidad de incluir a todos, qué sentís que te has llevado dé cada uno de ellos?

Con Guillermo en particular, además de amigo, me formé con él y tuve la posibilidad de trabajar y ser dirigido por él. Gran parte de mi mirada sobre el teatro y de mi forma de trabajar o encarar el trabajo tiene que ver con él y su mirada. Guillermo es un pilar muy importante.


Después cada uno dejó lo suyo. Con Wehbi recuerdo haber tenido diferencias en los planteos y en la mirada sobre el teatro, también un poco porque cuando pasé por la experiencia de trabajar con él era mucho más joven y más pasional. Y él supo explicarme los porqués de su mirada y que yo pueda comprenderlos. Aunque sea tan tajante y tan alejada de la mía, ver cómo podía yo abordarlo. Además de resultarme admirable lo ideológico de permanecer en el tiempo profundizando en un estilo en particular, más allá de compartirlo o no.


Después con Tolcachir estuve en “Agosto”, en “Buena Gente”, en “La Omisión de la Familia Coleman”… y la verdad que confió en mí para el teatro comercial, siendo que eran mis primeras experiencias en ese circuito. Hay algo de su mirada sobre el teatro que es muy amorosa sobre el actor y sobre la forma de trabajar, que está buena y que yo comparto. Trabaja el teatro desde los vínculos y construye desde esa relación con el otro, algo que lo contacta un poco con la mirada de Guillermo también.

A pesar de trabajar en el teatro comercial, Claudio tiene algo de pasarla bien con el trabajo y disfrutarlo que a mí me parece genial.


Tuviste tu importante paso por televisión en “Guapas” en donde también fuiste dirigido por Daniel Barone, ¿la metodología de trabajo con él es la misma? ¿Cuáles son las diferencias? ¿Hay un terreno ganado al haber compartido un proceso anterior por más que el formato no sea el mismo?

Cuando me llaman para “Guapas”, en los primeros capítulos pensé que me iba a dirigir Daniel, pero no fue así porque él dirigía los exteriores. Cuando quedé seleccionado, lo llamé y nos alegramos porque íbamos a trabajar juntos también en tele, pero al ver los guiones me dijo: empezás por piso! Así que empecé grabando con otro director. Después, cuando voy a exteriores, justo se estaba yendo a ver una locación, así que tampoco me dirigió él! Yo quería que sea él, porque además me parecía divertido. Ese día me dirigió su asistente, y recién a la cuarta vez me dirigió él. Fue gracioso.


Para mí lo distinto entre la televisión y el teatro es la construcción. Llegás, te cambiás, grabás y te vas. La sensación es horrible. Te vas y no sabés muy bien lo que hiciste. Al segundo día, ya sabía que era así, ya conocía las caras, la pasás un poco mejor. Al tercer día ya entrás en la lógica de una. Como todo, tenés que pasar por la experiencia. A mí me pasa mucho en tele o en cine esto de ver un actor nuevo y, quizás por resguardo de uno mismo, entender que pueda estar más duro con el formato. Si no tenés la experiencia, es muy difícil relajarte. A mí la secuencia de pasar de una sensación de vacío total a entender la lógica y empezar a jugar, me llevó tres días. Tampoco es tanto, pero por más poco que sea fue necesaria la experiencia del cotidiano. Los códigos son distintos y eso necesita tiempo. Me pasa eso, de ver a un actor nuevo y pensar en que le den tiempo. Si después de un mes y medio no levanta, bueno el problema es otro. Eso en el teatro pasa con el estreno. Siempre hay más nervios y con las funciones se va acomodando. Son códigos específicos y el secreto está en el tiempo. Entender que estás en un tamaño de plano en el que no importa dónde tengas las manos porque no se ven, es un código que necesita tiempo. Y para mí lo lindo de la experiencia de “Guapas” es que pude tener un contacto con eso.


¿Qué docentes te han marcado como profesional?

Guillermo Flores. Yo fui ayudante de él mucho tiempo. Y en eso de consultarlo en todo momento y cada vez tener mayor porcentaje de certezas que de dudas, pensé que ya me podía animar a empezar solo.

Después Silvina Sabater fue también una maestra muy importante para mí. Hubo otros también, algunos más otros menos, pero la mirada de ellos dos fue muy importante en mi formación.


¿Sentís que es estás en el mejor momento de tu carrera? ¿Cuáles son tus próximas metas?

Sí sé que es el momento de mayor exposición porque que nunca me pasó lo que me pasó este año. Siento que es un hermoso momento que estoy disfrutando mucho, que pasó el zimbronazo, y estoy disfrutando de navegar ahí. Disfrutando de ir a las funciones.

Después, lo que viene… siempre me manejé muy paciente y sin presionar nada. Todas las cosas que se fueron dando no se dieron por presión, sino por estar generando cosas todo el tiempo. Por el placer de hacerlo y para generar movimiento y que mi trabajo sea visto. Desde una obra chiquita en un teatro independiente a si aparece una obra comercial.


El miedo está siempre. Si se corta la racha, se corta. Hay un montón de actores que son excelentes y que laburan mucho un tiempo y después tienen lapsos largos en los que no. Es tan relativo… yo trato de no presionar nunca nada. Siempre me parece bueno estar generando. Después, algunas saldrán y otras no. Metas, tengo millones. Seguir transitando distintos personajes y distintas experiencias, conocer distintos actores y directores. Trabajar en cine y en tele también es algo que me interesa pero tampoco lo presiono. A lo sumo puedo hablar con mi representante y decirle que me gustaría que me venga a ver a la obra alguien en particular. Hasta ahí puedo hacer. Pero no mucho más. Trabajar en cine y en tele me encantaría.

No creo tanto en ir a castings o audiciones, prefiero que me llamen por haber visto algo que hice o que estoy haciendo. Lo bueno de esto es que no te mantiene esperando. Te mantiene haciendo, generando. Y eso te deja mucho más tranquilo que la espera.


¿Qué consejo le darías a los alumnos de la Carrera de Actor y Director de Artes Escénicas del CIC respecto de sus sueños, sus proyectos, sus objetivos y su formación profesional?

No estar esperando todo el tiempo, sino generar. La mayoría serán pruebas fallidas, pero está bueno hacer. Porque no te crea la angustia de estar esperando que suene un teléfono.

Y a generar hay que sumarle pasión. Para mí es muy difícil esta profesión sin pasión. Desde mi gusto personal, ver un actor que no le corre sangre por las venas no me resulta atractivo, me aburre. Pero un actor que, aunque no tenga todas las herramientas, defiende su lugar con pasión para mí es mucho más valioso que un actor virtuoso.


Son esas dos cosas: Generar y apasionarse. Hacer y conectar con el deseo de ese hacer. Después los resultados van a ir para todos lados, pero uno podrá decir que al menos está conectado con lo que desea hacer. Después habrá muchos factores, incluso más allá de tener o no talento. Si se estuvo en el lugar indicado o si se tuvo suerte. Pero que esos factores nunca te quiten el disfrute de estar haciendo.


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