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Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón de Pedro Almodovar - Encuentros con el cine de culto

PEDRO CACHONDO

Por Gustavo J. Castagna


En unos pocos días, Pedro Almodóvar presenta en el festival de Cannes La piel que habito, su última película, dentro de la exigente muestra competitiva. Treinta años atrás, el ex empleado de Telefónica presentaba su primer largo, PEPI, LUCI, BOM Y OTRA CHICAS DEL MONTON, en otra España, en otro mundo y en un contexto de alegría y descontrol que se sacudía por las calles de las grandes ciudades con las canciones de Alaska y los Pegamoides y Mc Namara, el consumo de drogas duras y blandas, el definitivo certificado de defunción para los prejuicios sociales y sexuales que habían empezado a agonizar desde la muerte del (supuestamente) eterno Generalísimo Francisco Franco. Tres décadas es demasiado tiempo y desde hace bastante Pedro dejó de ser Pedrito, Carmen Maura tiene más de sesenta años y hasta Alaska anduvo paseando su look de leyenda de reviente en la Buenos Aires menemista de los 90. ¿Recordará Almodóvar alguna anécdota del rodaje de su opera prima al momento de pasar por la alfombra roja y posar para los paparazzis en Cannes? Probablemente sí, ni tampoco está mal mirar un rato hacia atrás recordando aquellos años de regocijo y libertades sexuales autorizadas y disfrutadas por ese contexto favorable, festivo y creativo, ese puñado de años que recorrió la llamada “movida española” luego de casi cuatro décadas de censuras, silencios, exilios y prohibiciones. La vida siguió y hoy todo es diferente, pero es indudable que PEPI, LUCI, BOM Y OTRAS CHICAS DEL MONTON es una de las películas de culto que marcó a toda una generación de españoles.