ACTIVIDADES EN EL C.I.C. – Charla con ROBERTO CARNAGHI

“Estamos hablando de emociones que uno está poniendo en juego”

En una Sala colmada, y luego de varios embates de aplausos, se dio inicio a la charla… es que la expectativa era mucha, Roberto Carnaghi, un “hombre de tablas” con todas las letras pisando el escenario del CIC para compartir una charla con los alumnos en el marco de las Jornadas de Teatro 2007 del CIC. En el panel estuvo acompañado además por Víctor Bruno, docente de Actuación en el CIC, y por Celia Muggeri, Coordinadora de la Carrera de Actuación.

Roberto Carnaghi debutó en cine en 1970 con ¨Este loco verano¨, de Fred Carneano y en 1975 en Teatro de Revista junto a Alberto Olmedo y Jorge Porcel.

Hasta el momento lleva más de 50 películas, con éxitos como ¨ La Raulito ¨ de Lautaro Murúa, ¨Los amores de Kafka¨ de Maria Luisa Bemberg, ¨Elsa y Freed¨ de Marcos Carnevale, ¨Ay, Juancito¨ de Héctor Olivera, entre otras.

En televisión se destacó en ¨El palacio de la risa¨, ¨Tato de América¨ y ¨Montecristo¨, entre muchos otros. Recibiendo entre otras distinciones el premio Martín Fierro al Mejor Actor de Reparto en sucesivas oportunidades.

En teatro se destaco en ¨Rey Lear¨, ¨Discepolín y yo¨, entre otras. Ganó el premio ACE de Oro 2006 por su labor en la comedia teatral ¨La irresistible ascensión de Arturo Ui¨. Actualmente protagoniza ¨La jaula de las locas¨.
Víctor Bruno. Roberto Carnaghi es uno de los actores que más respeto le tengo, respeto por lo profesional, respeto como actor, como persona, como hombre de teatro. Estas cualidades no siempre van de la mano.

Celia Muggeri. Me gustaría que les contaras a todos cuales son tus inicios en la actuación.

Roberto Carnaghi. El teatro no me interesaba para nada, no tenía nada que ver con el mundo del teatro. Vivía en un barrio en Villa Adelina, un pueblito que pertenece al partido de San Isidro y me interesaba el fútbol… y fui un gran lector de chico, siempre me gusto leer y dentro de esas lecturas me encontraba a mí mismo. Y sí, recuerdo que las contaba, tenía un grupo de amigos de barrio que jugábamos a la pelota y yo contaba lo que leía. En general mis compañeros no lo hacían.

El teatro no existía en Villa Adelina y yo no iba al centro y mi familia no veía ni teatro ni cine. Yo en Villa Adelina iba 3 veces por semana al cine y fue lo que de alguna manera me conectó y me llevó y decir que quería ser actor.

Yo empiezo a trabajar a los 16 años y no estaba satisfecho con lo que hacía. Fui a ver una obra de teatro a la calle Corrientes, yo iba a trabajar al centro, y no me gustó nada dije: ¨El teatro, que aburrido que es¨, era un gran éxito, con un actor excelente que después lo descubrí, pero a mí no me gustó. Y aparece el teatro en un momento donde un compañero de barrio me dice que hay unos cursos que se dan en San Isidro, de teatro. Habían puesto unos afiches y él estaba yendo, pero ya hacía cuatro meses que habían comenzado. Le pregunté si podía ir, mi amigo le preguntó al director y dijo que sí, pero yo no quería ser actor, me acuerdo que fue un 9 de Julio… Me gustó el lugar, me gustó la gente y encontré un mundo que me gustaba. Me gustaba también la pintura. El director vivía en San Isidro, un muchacho muy joven que había pertenecido al teatro Fray Mocho, un teatro independiente y él había fundado un teatro con la Municipalidad de San Isidro. Ahí comencé a estudiar, hoy se le llama Expresión Corporal, para nosotros era Danza, venía a darnos clases Emilio Estebanovich que era un crítico de teatro que tenia una revista, era un tipo muy prestigioso como crítico. Ahí empecé a trabajar, un día me dieron un personaje, yo me preguntaba si lo podría hacer y así empecé. Así descubrí el Teatro, yo hasta ese momento nunca había leído teatro, siempre leía novelas; desde que entré compré todo, Shakespeare, compré Moliere y leía y me imaginaba las escenas que se podían hacer. Con todo lo que leía me pasaba eso. Siempre me daban los personajes protagónicos, a veces co-protagónicos. Después tuvimos un problema con el director, lo echamos, era muy dictatorial, todos nos juntamos y le dijimos que no funcionaba el grupo porque él no tenía buena comunicación con nosotros y que no se podía trabajar. Lo echamos como director, no vino más. Se hizo una comisión directiva donde yo estaba dentro de los directores, estaba Húber Copello , como director de la parte artística; Aarón Corz , uno de los autores de “Víctimas y victimarios”, en toda la época de Teatro Abierto; y yo me ocupaba de contratar a los profesores y de la disciplina; cada uno tenía un cargo.

Nosotros contratamos a un director, CAMILO LAPASANO, (que lo recomendó Emilio Estevanovich que venía a dar clases de literatura no era del staff). Contratamos a Camilo, vino, dirigió algunas obras, la primera fue “En Familia”, yo hacia de Damián y él me dijo: “Usted tiene ciertas condiciones, ¿por qué no estudia?¨ y yo le pregunté si le parecía y él me dijo que sí, pero él quería que fuera al Conservatorio pero que volviera a San Isidro. Porque nosotros, en todo el Partido de San Isidro, generamos desde nuestro grupo de teatro una movida muy importante, era un verdadero centro cultural donde se manifestaban un montón de disciplinas, no sólo las nuestras, pintura, danza, de todo. No cobrábamos entradas, porque pertenecía a la Municipalidad y no se podía, así que además era gratis para la gente.

Así es como empecé a conectarme. Cuando voy al Conservatorio, tampoco sabía si yo iba a ser actor. En primero, segundo año, iba a mis profesores y les preguntaba cosas, porque tenía muchas dudas y siempre las tuve, ahora no las tengo, pero salí del Conservatorio y me seguía preguntando si iba a poder subir al escenario.

Una vez que egresé, decidí dedicarme en forma profesional, poder tratar de vivir de esto. En esa época tenía que alimentarme yo sólo, porque mis padres no me daban plata. Así descubrí el teatro.

Osvaldo de Marco, aquí hay un actor que se llama así, pero yo me refiero a uno que se fue a vivir a Bélgica, fue quien me marcó en cierta manera, quien me enseñó la ética en el teatro, a respetarlo, eso fue muy importante para mí. Cuando yo hablo, siempre hablo de San Isidro porque para mí fue el descubrimiento del teatro y el descubrimiento del texto teatral, la investigación, el hecho de poder trabajar en un grupo y encontrar que eso era lo que yo necesitaba y quería. No quería estar en una empresa, trabajando, ganando bien. De esa manera llegó el teatro para mí. Con Boy Olmi cuando hacíamos “ La Niñera ”, a él le gusta mucho el cine, el me decía siempre que éramos actores para el cine. Apareció el teatro, era lo más cercano a mí.
Celia M. Vos sos un actor polifacético ¿esto fue una elección o el trabajo te fue llevando a eso?

Roberto C. Cuando estaba en el Conservatorio yo tenía eso, yo trabajé con Gandolfo apenas salí del Conservatorio. Y había dos corrientes de teatro, estaba el teatro de la Universidad y el teatro del Conservatorio, y Gandolfo pertenecía al otro grupo y eran como grupos encontrados. El del Conservatorio era más profesional y el otro era más interesante como trabajo del actor, investigar sobre uno mismo.

En el Conservatorio me marcaban como actor dramático, y en tercer año había que elegir lo mas difícil que podía hacer uno porque había que rendir examen y yo elegí una comedia, porque yo era actor dramático, elegí la comedia y la hice muy mal, tenso, la comedia se llama ¨Cena de despedida¨, una comedia maravillosa, de un autor austriaco muy interesante.

Estoy en el Conservatorio, empiezo a trabajar, hago “El mundo” de Sholem Aleijem, dirigido por Gorostiza, en el teatro que se quemó, que era el Teatro San Telmo; hacía personajes chiquitos.

Termina ese trabajo y me llaman, un actor se va del teatro ABC, en la calle Esmeralda y Lavalle, para hacer un reemplazo de una comedia y yo tenía que hacerlo por 20 días… protagónico total. Era una comedia y yo quería trabajar, y lo agarré. Creo que el hecho de tener nada más que 20 días, no poder laburar de una manera más pausada, yo dije en 20 días esto lo tengo que hacer… y la gente venía y me decía que era muy gracioso. A partir de ahí mezclé… no fue una elección, a mí me gusta tanto la comedia como el drama, me divierto y me parece que se fue dando de alguna manera, después trabajé con Gandolfo donde hacía drama. Hicimos ¨Salvados¨, en la época de Onganía se prohíbe, y la obra había sido hecha bien dramática pero mi personaje era también dramático, cuando prohíben la obra, después hubo una posibilidad de hacerla, la obra trataba de la destrucción de la familia y justamente en la época de Onganía, y la idea de que la familia era maravillosa, por eso la prohibieron y también prohibieron ¨La vuelta al hogar¨.

Gandolfo hace la obra, la modifica, la da una vuelta de tuerca y a mí personaje le da como una especie de comedia y es ahí donde hago una cosa desopilante, terrible pero era gracioso; y Gandolfo también me dijo que tenia condiciones para esto, para lo otro. Después, con Alberto Ure, hago un espectáculo que se llamó ¨Palos y piedras¨, yo hacía de un represor, de un policía. Primero hacía un monólogo, pero se prohibió, un monologo terrible sobre la policía, que en esa época no se podía decir. Me dijo él, Alberto, que sería gracioso que lea el diario ¨La razón, en ese momento estaba ese diario, y leía los chistes del diario a los presos pero nunca se los leía completos, y también la gente me decía: “sos muy gracioso”.

Después se fue dando por el cine, yo hago publicidad con Alberto Ure, él me dijo que me conecte con la publicidad para poder trabajar, yo no tenía trabajo y había dejado todo, ya estaba casado, tenía un hijo y trabajaba todo el día en el teatro pero de otras cosas nada… había vendido todos los libros. Vos hablas de 50 películas, la cantidad no importa sino la calidad, hice muchas películas que las hice para poder ganarme el mango, como hice publicidad, la publicidad lo hice dentro del humor, fui uno de los primeros actores que hice publicidad a través del humor; el humor que venía de los comerciales americanos, acá no existía, siempre era todo muy serio, estaban Mirtha Legrand, Alfredo Alcón. No es que yo lo inventé, me llamaron para hacer cosas de humor y la gente me conoció desde ese lugar y la televisión me conoció desde ese lugar. El cine me convocaba para distintas cosas, podía ser algo dramático, algo cómico y yo nunca rechacé nada, eso me significaba a mí un día de trabajo, necesitaba pagar la luz, el departamento. A lo que me refiero es que mi idea era sobre la profesión… yo tenia que investigar solamente con Gandolfo en un laboratorio, trabajábamos día y noche, nos encontrábamos a la mañana, a la tarde, a la noche, yo había abandonado prácticamente a mi familia, yo tenia un hijo, habíamos vendido las joyas de mi mujer, los libros, todo porque no hacía nada.

Un día me dijo mi analista: ¿por qué en vez de ir a vender libros y esas cosas –que yo hacía para tratar de vivir– , por qué no va a trabajar a la televisión o al cine, que también está dentro de su profesión?”… Todo lo que significó vender mis libros igual me ayudó muchísimo a la construcción de mis personajes, de conocer a la gente. Y se fue dando de alguna manera, en general en el teatro hice drama, hice pocas comedias en el teatro. En televisión siempre fui cómico, en el cine en general también, personajes cómicos. Y yo creo que hay muchos actores que tienen esta posibilidad de poder hacer las dos cosas, lo que pasa es que no se los convoca, entonces van perdiendo el ejercicio, uno tiene que tener condiciones naturales. Por ejemplo Alfredo Alcón, para mí es un actor épico, no es un buen actor de comedia, pero quizás cuenta chistes maravillosamente, pero creo que tiene como un prurito a no ser cómico y no lo investigó. Yo era actor dramático y todas las obras que había hecho eran dramáticas, a partir de eso me di cuenta que tenía la otra ventaja. También me ha servido para hacer los personajes más dramáticos siempre con una vueltita cómica, porque nadie solamente es una cosa, porque en la vida todos somos graciosos, somos dramáticos; eso me abre la cabeza cuando hago un personaje… puedo hacer Shakespeare y no es que digo “esto es gracioso”, pero digo: “de qué manera hay algo que lo conecta que tiene que ver con la comedia, con la vida”, en la vida somos de diferente manera.

Celia M. ¿Tenés algún personaje que te haya dejado en lo personal un muy lindo recuerdo?

Roberto C. Yo lo que evalúo, de lo que me tocó hacer en toda mi carrera, en todos los años que he trabajado, es lo que se generó no solamente a nivel personal, sino a nivel grupal, grupo humano, con el director, con la experiencia de haber hecho una obra de teatro. Y es ahí donde valorizo el rol de actor y qué es lo que para mí ese personaje significó en mi crecimiento. Quizá para mí lo más importante es lo que hice con Robert Sturua, ¨El mercader de Venecia¨ de Shakespeare, por lo que a mí significó investigar ese personaje, Shylock, con la mirada maravillosa del director sobre esa obra, que acá no se entendió bien la mirada que él tenía. Y él me despejó, él trabajaba con algo que era terriblemente dramático pero terriblemente tierno, estando con su hija, la hija que lo vende, (es un judío que es traicionado por su hija, ella que se casa con un cristiano pero antes de irse, le roba todas las joyas). En la obra de Shakespeare, está la escena donde ella intenta robarle la llave de donde tiene el cofre con las joyas, Sturua crea en esa escena totalmente lo contrario de lo que uno piensa cuando lee la obra de Shakespare, uno generalmente piensa que él no quiere a la hija. Acá vemos un padre Judío, con su hija, la mujer a muerto, él llega, le trae un regalo, se pone a bailar con la hija y ella mientras tanto quiere sacarle las llaves. Esa escena es graciosa, es tierna y terrible a la vez, eso es lo que yo cada vez que hago un personaje busco. Que haya algo de la vida, que transcurra todos los días. Hizo una escena maravillosa, él la seguía tratando como una nena y ya no era una nena, él le traía una cartuchera con útiles, regalo de nena y la hija agarraba eso y quería robarle las llaves; eso para mí es drama y ese personaje para mí fue uno de los personajes que yo adoro, que me sirvió como inspiración. Y después toda la experiencia que tuve con Gandolfo, con Alberto Ure también… y después con otros también, con Alezzo hicimos ¨El jardín de los cerezos¨, fue un personaje que a mí me gustó. “Ricardo III”, que también fue maravilloso. Son los personajes que más recuerdo…

Fuera del teatro San Martín hicimos ¨Sacco y Vanzetti¨, que fue una experiencia bárbara, que yo hacia de un fiscal, eso también fue una experiencia que para mí fue entrañable. Y en cine, una película que yo recomiendo que vean por que pasó sin pena ni gloria que fue, ¨El amor y el espanto¨ que está Miguel Ángel Solá, la dirigió Juan Carlos Desanzo… y, por esas cosas maravillosas, aunque la hicimos en muy pocos días, también estaba Brisky. La película era una mirada sobre Borges, y no pasó nada sobre esa película, es una película que trata todo su mundo, y sobre sus propios textos se va creando el personaje de Borges… “Moebius” es otra película… es otro personaje también, no? No solamente del teatro, sino también del cine.
Y en televisión, bueno ha sido lo de Tato (Bores)… y Lisandro, este personaje que hice el año pasado.
Víctor B. De hecho creo que de los aquí presentes, por una lógica cuestión de años, somos pocos los que hemos tenido la oportunidad de disfrutar del talento de Tato Bores…

Roberto C. Tato hacía un monólogo nacional y un monólogo internacional. En sus comienzos, el decía lo que leía en los diarios. Él nos decía: “yo digo lo que dice el diario, no puedo inventar nada porque puedo tener un juicio”, lo maravilloso es que el se basaba exclusivamente de eso para hacer sus monólogos logrando una identidad y comicidad única y exclusiva de su persona.

Como dato interesante, Pergolini una vez, (yo nunca antes lo había pensado así), él dijo que con Tato había aprendido historia argentina… Porque de alguna manera hablaba de toda nuestra historia, hablaba de los políticos y de nuestra historia, mezclaba lo que significa la moneda… esta cosa maravillosa que tenía Tato, donde te hablaba de todo lo cotidiano; pero te hacía ver con determinados ojos qué era lo que estaba pasando. Cuando veo que pasan en televisión los monólogos de Tato me doy cuenta que siguen teniendo la misma actualidad de hace 20 años atrás, porque todavía se sigue hablando del problema del tránsito, del problema de la jubilación… todos temas que tocaba Tato. El problema del argentino, que cada vez es peor… Tato era eso, hablaba de eso. La gente lo veía porque, en plena época del proceso militar, Tato hablaba. De alguna manera estaba hablando de ese proceso y hablaba de la censura… y yo lo recuerdo porque fue el primer programa que hice, yo trabajé muchos años con él y siempre fue un tipo que hablaba de política. Y que sin embargo nunca se casó con un político o partido determinado. Jamás. Nunca mostró cuáles eran sus ideas. Traía a alguien al programa y, aunque él pensara que esa persona era terrible y aunque le pareciera defenestrable, él siempre lo trataba como un igual… Un día lo llevó a “Palito” Ortega, y Palito fue habló, cantó en su programa… después al final Tato hablaba y vos sacabas tus propias conclusiones sobre el tema.

Por ejemplo, ahora últimamente lo están pasando en la tele, cuando él hablaba con los presidentes. Cuando habló con Videla… decir en aquella época… lo llama por teléfono a Videla, yo siempre me acuerdo de esto y lo recuerdo porque mucha gente decía que si Tato estaba en la tele era porque los militares estaban de acuerdo, atiende Videla y Tato le dice: “Ah señor Presidente que tal…” (bla, bla, bla,)… “ustedes son gobierno por amplia mayoría… tres votos!!”

Decir eso, ustedes no tienen ni idea de lo que significaba. En la época de Videla y por televisión. Lo que significaba decirle a ese Gobierno que eran mayoría por tres votos (que eran la Aeronáutica , la Marina y el Ejército)… Eso era, bueno… les estaba diciendo la verdad… pero, bueno, ese era Tato. Por eso lo nombro.

Cuando empecé a trabajar con Tato e hice el personaje del “corrupto”, que apareció después, en el año ‘88 con los hijos de Tato. Pero en aquella época hacía “el Interventor del Canal”, el primer personaje que hago con él. Trabajábamos en blanco y negro… y (qué increíble!) yo usaba una capucha, y era el interventor del Canal (que en ese momento era la Marina ). Y Tato me traía sus monólogos, me los daba y yo los decía, pero no me podía mover porque era el hombre sin cabeza; tenía un habano fumaba y no se me veía el rostro… no daba la cara… ese era el concepto. Ese señor no daba la cara y era la censura. Entonces decía: “póngalo en la compactadota”, y metíamos el monólogo en la máquina que hacía todos ruidos destartalados y salía un boleto, o tres palabras… entonces decía: “pero cómo voy a decir esto nomás si eran tres páginas de texto?”, entonces el Interventor decía: “y, bueno, no es necesario decir más nada, ya está bien con eso”… eso hacíamos nosotros en el año ‘79… Lo increíble era que la Marina lo aceptara… Bueno, también tenía un prestigio tal Tato, que hacía que nadie se atreviera, no?… Una vez de todos modos le pusieron una bomba en el palier, si hubiera explotado esa bomba hubiera volado todo el edificio; porque la Marina estaba de acuerdo pero no el Ejército, había distintos grupos.

Los primeros días trabajábamos con seguridad privada en el piso… ese era Tato, su genio, su talento y su valentía. Para mí fue muy, muy importante.
Y ahí, lógicamente, yo hacía humor. Por eso digo que también la televisión me dio la posibilidad de hacer comedia.

Alumna. Usted que trabajó con Tato y estuvo en el marco de Teatro Abierto…

Roberto C. Sí, en realidad hice una sola cosa para Teatro Abierto, porque yo estaba en el San Martín y el Teatro no se plegó realmente a la propuesta de Teatro Abierto y no permitía que sus actores participen, de todos modos hice una sola obra ya hacia los finales de Teatro Abierto, dentro de su marco; decime…
Alumna. Bueno, a raíz de esa experiencia, de trabajar con Tato… cómo logró como actor, en ese momento singular del país, seguir adelante con su profesión.

Roberto C. Yo no estuve en Teatro Abierto, no lo viví desde adentro. Sí tuve mis amigos allí, pero no sé si soy el más indicado para hablar de Teatro Abierto.

Sí te puedo decir que tanto yo como muchos otros, en tanto que actores, estábamos como en una isla en ese momento del país. Estábamos en el Teatro San Martín, en esa época estaba Cacciatore de Intendente y permitió que el San Martín permanezca como teatro y que estuviesen dentro del elenco del Teatro San Martín actores que estaban prohibidos; como María Rosa Gallo, José María Gutiérrez, Graciela Araujo; todos ellos estaban prohibidos y sin embargo Cacciatore sabiendo que estaba prohibidos, nos enteramos después, no le importaba. Lo defendió a Kive Staiff, que era el Presidente del San Martín en ese momento… Yo sufrí más que nada la época anterior al proceso, la época de la Triple A , cuando todavía estaba Isabel Martínez de Perón, cuando estaba López Rega. Yo hacía una obra de teatro que se llamó “ La Murga ”, y en un momento nos amenazaron con ponernos una bomba en la sala si seguíamos haciéndola. Ya estábamos amenazados antes, y la verdad que hacer la función era… el ambiente se cortaba con un cuchillo, porque nos habían amenazado y, en esa época, las amenazas no eran joda, era en serio. Y sí, me acuerdo que hacía la función y miraba a la platea, mientras actuaba miraba si entraba alguien. Teníamos muy poco público, y la gente amiga que vino nos dijo: “miré, el aire se cortaba con un cuchillo”… De verdad, no se cumplía el hecho teatral porque no estábamos respaldados por el público, que sí fue lo que pasó, creo, en Teatro Abierto. Si hay algo que tuvo Teatro Abierto, al margen además de su denuncia, es que hubo un país que lo apoyaba a rajatabla, y se llenaba y la gente estaba en la calle, llenaban las funciones y aplaudían. Y ya eso era muy difícil de frenar, primero se quemó el primer teatro, pero ya después no lo pudieron contener porque tenía el apoyo de la gente.

Por eso yo siempre pienso que tenemos que darnos cuenta que somos responsables de lo que pasa en el país. De los presidentes que tenemos, de la gente que nos conduce, de los políticos que tenemos., de los empresarios que tenemos… de lo que nos pasa, de lo que pasa en el país… nosotros somos responsables, como país y en forma individual. Teatro Abierto fue una demostración de que cuando un país apoya realmente algo, el gobierno se tiene que callar la boca.

Volviendo a nuestra obra, bueno, estuvimos hasta que nos pasó lo de la amenaza de bomba; el dueño del teatro lo quería cerrar y no hacer más la obra. Nosotros nos reunimos y dijimos que la queríamos hacer. En el grupo estaban Onofre Lovero, Virginia Lagos, entre otros. Pero el dueño del teatro no quería. También estaba en el teatro Pedro de Orgambide, que lo amenazaron ya directamente a él, se tuvo que ir, se fue a México… y el dueño del teatro ya definitivamente dijo que no, que el no nos daba el lugar. Tenía miedo de verdad, ya habían puesto una bomba en el Teatro Estrellas… esto era así.

Yo llegaba a casa y miraba en el incinerador si habían puesto una bomba y demás… Porque de alguna manera uno tenía miedo, se protegía. Pero no me encerré; estaba con Tato y él decidió seguir haciendo el programa. Tenía los hijos al lado, la gente de seguridad. Él decía que odiaba que estén los custodios en la puerta de su casa. Sabía que lo defendía la marina… pero había que ver hasta que punto lo defendía… Esta ya era la época del proceso, yo no lo sufrí tanto, sí sentí lo que pasaba. Igualmente quiero decir que yo con el tiempo fui descubriendo el horror, ésta cosa de la tortura, lo que pasó realmente. Fue muy posterior, no fui conciente de eso en esa época; en esa época yo pensaba que mataban, sí, te dabas cuenta que habían matado a alguien por la espalda… pero en todo caso, matar a alguien, la policía lo sigue haciendo… no a nivel Gobierno como Institución o a nivel masivo, pero sigue sucediendo. Por eso lo digo: Todos somos responsables. Ese gobierno militar fue apoyado. Es terrible porque después esos mismos señores que lo apoyaron estaban en la Cámara de Diputados… pero bueno, estábamos hablando de otra cosa.

De eso se trata, de la misma manera que a Don Saúl Menem supuestamente no lo votó nadie, si vos preguntás, nadie lo votó y sin embargo gobernó durante doce años.

Y el Teatro tuvo que ver con eso, con que la gente se identificó. La gente necesitaba también ver eso. No había grandes obras de teatro, algunas sí fueron muy buenas, pero otras no tanto. Pero sí representaban, hablaban de lo que le pasaba a la gente. Y en la medida que hablen de lo que le pase a la gente, la gente va al teatro y responde de esa manera.
Alumno. ¿Qué es lo primero que te planteas cuando tenés que hacer un personaje?

Roberto C. Lo primero que me planteo es si me gusta la obra o el proyecto. También si me gusta el director. Y si me gusta mi personaje dentro del contexto y si yo lo puedo hacer. No en el sentido de facilidad, si está cerca de mí. Me han llamado varias veces y me ha dicho: “tengo un personaje justo para vos”… ah! No hay pero cosa que me puedan decir!… Yo no quiero un personaje para mí, quiero un personaje que no sea para mí, que me cueste. Que pueda investigar, que pueda laburar sobre eso. Yo pienso mucho en eso. Pero también conozco mis limitaciones. Si me dice tal cosa, por ahí digo no, tal cosa no la voy a hacer, no me interesa. Pero pienso fundamentalmente si me gusta lo que voy a hacer… y ahora, sí pienso en el elenco… sí es gente con la que yo estoy de acuerdo, si trabaja dentro de la manera en que me gustaría trabajar a mí, ese tipo de cosas. No tanto ahora con “ La Jaula de las Locas” que yo acepté ya con un elenco armado, pero bueno, tampoco me parecían personas con las que no pudiera trabajar. Y me enloqueció eso porque jamás se me ocurrió que podía hacer ese personaje. Pero es lo primero que miro, no miro mi personaje solamente.
Alumno. Y cuando enfocás específicamente en el personaje, ¿qué cosas tomás para empezar a plantearlo y a construirlo?

Roberto C. Lo primero que hago es relajarme y empezar a ver cómo o por dónde puedo comenzar a trabajar ese personaje. Encontrar qué cosas tiene ese personaje que me resuenan a mí, que tienen que ver conmigo. Hay algo de este personaje que estoy haciendo en “ La Jaula de las Locas” que tiene que ver con mi mamá, con mi hermana, con el mundo femenino que tengo yo; y tratar de tocar esas cuerdas para ver qué es lo que me pasa a mí con ese personaje. No se trata de Ser, sino de Estar. Ver de qué manera yo puedo ser ese personaje. Pero igualmente siempre trato de conectarlo con cosas que yo tengo. El actor siempre debe tratar de ser distinto, pero en el fondo siempre es uno.

Es como todo; el pintor pinta, pero pinta con su mundo, y el actor pinta y dibuja y trabaja con su mundo, con su experiencia, con su cuerpo; y yo trato de buscar por ese lado. No lejos de mí. Puede servirme la ropa, conocer a determinadas personas… Soy un gran observador. Y me permito cosas a veces. Que es lo que debe hacer un actor, permitirse cosas. A ver qué pasa, yo como mujer… Qué me pasa a mí con los hombres. (ríe) Y bueno, uno se lo puede preguntar. Y de la misma manera si soy un asesino… yo creo que todos somos asesinos, si pudiéramos, mataríamos muchas veces. (ríe)

Alumna. Con respecto a “ La Niñera ”, que es un producto ya pre-establecido, mi pregunta es si sentiste algún tipo de presión o complicación al tener que respetar cierto esquema matemático en cuanto al formato o al texto.

Roberto C. No! Es bárbaro, el texto era perfecto! Estaba trabajado para tener el remate… Yo no veía mucho “ La Niñera ”, la original, mi hija lo veía; pero de vez en cuando lo veía al personaje, y jamás pensé que podría hacerlo. Ese actor, el que lo interpretaba, es excepcional, es shakespeariano, Davis se llama.

Me fijé en las acciones físicas. En lo que él hacía. Hinché mucho los quinotos con eso; los técnicos, todos me decían “sos un hincha bolas, querés esto, querés lo otro”. Yo me fijé la cosa meticulosa que tenía ese personaje y por ahí trabajé. No en copiar. Sí el texto, porque estaba escrito maravillosamente bien. Ellos trabajan de una manera que ojalá trabajásemos nosotros. Cada actor tiene un autor que le escribe especialmente; trabajan muchos autores. Ensayan todas las semanas, todo el día, y graban los viernes. El lunes tienen un libro color blanco; se va corrigiendo, los actores van corrigiendo cosas; el martes es el azul, el miércoles el amarillo, el jueves es el rojo y el viernes graban ése último que hicieron. Se graba con público, cuando la gente no se ríe se para preguntar por qué la gente no se rió, que les pasó. Se corrige, se vuelve a grabar de nuevo al mediodía, lo terminan grabando tres veces con público. Y después hay un público que sí saca la entrada… hay uno que ellos tienen para testear, que es al que pagan, que vienen por la mañana. Pero a la tarde viene el público convencional, que paga la entrada para ver el capítulo.

Cada actor tiene su cámara que lo sigue constantemente, esto no ocurre aquí, en la versión nacional. Se manejan por colores. Los chistes están todos probados, nosotros le cambiamos cosas que tienen que ver con nuestra identidad, pero nada más.

Yo comencé a trabajar por el lado de las acciones físicas. Estaba este personaje, el mayordomo, y bueno, ver de qué manera pone las copas, (yo no soy un tipo ordenado, muy por el contrario) entonces me fijé de qué manera apoyaba el tenedor. Como hizo Anthony Hopkins en la película “Lo que queda del día”, dirigida por James Ivory, en donde él hace el personaje del mayordomo. Hopkins creó el personaje a partir de las acciones físicas, y yo intenté hacer lo mismo con mi personaje. Y lo único que yo le agregué fue algo más de picardía que no tienen los americanos. Más chusma, más chismoso digamos. Y también algo de femenino. Pero no que sea femenino, pero tenía algo de eso, le gustan los perfumes, los pañuelos… tiene algo de esos gusto que uno dice: “son cosas de mujeres”… aunque hoy por hoy, los hombres cada vez más nos ocupamos en ver qué nos ponemos, la ropa, las medias, si estamos bien afeitaditos, bien limpitos, los masajitos, etc. (ríe).

Este personaje es eso, porque también pensé en eso, en mi país. Siempre, siempre yo pienso en mi país. Para cualquier personaje, así haga Shakespeare:

Cuando hicimos “Ricardo III”, la gente se moría en la escena en donde le ofrecen el Gobierno. Yo era Buckingham y se lo ofrecía para que fuera Rey. Y él decía que no, leía la Biblia , y que se yo; y decía que no, pero en realidad era todo un arreglo, estábamos arreglados. Y esto se hizo en la época de la reelección de Menem… y la gente se moría porque era eso! El mundo de los políticos.

Para mí el país tiene que ver siempre con lo que hago. Otro ejemplo es cuando hice “Hamlet”, mi personaje era Polonio, yo era muy joven, tenía alrededor de veintisiete años. Y yo me preguntaba cómo iba a hacer yo que era un pibe, un personaje como Polonio que era un viejo… entonces pensé en López Rega… entonces hice un Polonio distinto, no hice un Polonio tan viejo; pensé en este tipo que tenía poder.

Siempre pienso en lo nuestro. Porque Shakespeare era inglés, Hamlet transcurre en Dinamarca, nosotros nos vestíamos con los atuendos de la época, y sin embargo yo creaba basándome en mi país. Esto de alguna manera lo aprendí con Gandolfo. Él siempre decía que por más que hagas una obra clásica, de romanos, con toga y que se yo; eran tipos normales, se morían, iban al baño…
Alumna. De todos los personajes que has hecho, ¿cuál fue el que más te gustó y cuál el que menos te gustó?

Roberto C. Bueno, una cosa es el teatro y otra es la televisión. Yo trabajo en la televisión y por eso les doy mucha importancia a esos personajes. Trabajo, en la medida de lo posible, con las mismas ganas y el mismo entusiasmo que con el teatro. Pero a veces la televisión no me da tiempo. Pero siempre trabajo desde lo mejor que pueda dar y hacer. Pienso mucho y tengo los personajes dando vuelta en mi cabeza independientemente del medio en el que los realice. Para mí, el mejor personaje fue el Shylock que hice en “El mercader de Venecia”. Me conectó con el odio, con el amor, me conectó con un director, Robert Sturua, que aquí no se le dio mucha importancia pero que para mí es un gran director. Director cuyo “Hamlet” que realizó está considerado uno de los diez mejores “Hamlet” de los últimos 50 años. Un hombre que se iba de acá y se iba a hacer el “Mercader de Venecia” a Moscú, Rusia. Yo le dije: “Bueno, Robert, ya lo tenés hecho”, y él me dijo: “No, no, no… Actor ruso no ser actor argentino. Él está gordo y borracho”. Era un actor ruso maravilloso que hizo “Pieza inconclusa para piano mecánico”. Bueno, Robert decía que era otra cosa, que él iba a hacer otra cosa, no era el mismo Shylock, los personajes no eran los mismos, por lo cuál la obra no sería la misma. Ese tipo de directores son los que a mí me interesan, me nutren porque trabajan con lo que yo les doy. Con Robert era así, el venía con una idea y jugábamos y pasábamos la escena, y la volvía a cambiar, y al rato la volvía a cambiar de nuevo… bueno, hay actores a los que no les gusta eso. Les gusta que les dejen las cosas como salieron en un primer momento. Yo quiero cambiarlo, quiero probarlo de otra manera. Con Robert tenía la posibilidad de probar otras variantes, le decía: “me gusta lo que estás haciendo, pero ¿puedo probar otra cosa que se me ocurrió?”, y él me decía que sí, lo hacía y después me preguntaba: “¿A vos cómo te gustó más?”, entonces yo le decía: “No, mirá, me quedo con lo tuyo” (ríe) Pero, por lo menos yo había probado otra cosa… esto es lo importante. Por eso me gustó esa experiencia y ese personaje. No así la experiencia que tuve con “Arturo Ui”, con el mismo director. No fue una experiencia feliz. Porque pasaron ciertas cosas en el teatro con Robert, que lo exigieron, que tenía que estrenar en tal fecha… no era el elenco que él había elegido… ciertas cosas que fueron distintas.

Pero volviendo al Shylock, fue bárbaro porque me permitió acercarme al odio, al tema del judaísmo lo relacioné con el Holocausto. La situación de no pertenencia, de estar en un sitio que no es tu lugar de pertenencia. Qué significa realmente ser odiado por el otro. Buscar dentro de mí todo esto. Fue lo que trabajamos con Robert en su momento: En la época en que transcurre la obra, los judíos eran prestamistas, no podían tener comercios. Y lo que él puso en Shylock fue la necesidad de ser aceptado. Y de verdad eso está en la obra de Shakespeare. Ser aceptado por Antonio y por el resto de los cristianos. Por esto él otorga el préstamo sin cobrar nada (y esto fue lo que me hizo descubrir Robert) para poder congraciarse con Antonio; hace un pacto terrible (de no pagarle, le tendrá que pagar con una libra de carne). Pero Shylock no piensa que le va a costar la libra de carne, lo primero que quiere es cobrar. Le prestó el dinero y lo primero que quiere es cobrar. Y hay un monólogo maravilloso que es, cuando la hija se le escapa, le dice: “que tenga cuidado con su pagaré”, es ahí donde él toma conciencia de que se puede vengar de los cristianos; pero hasta ese momento no.

Entonces, bueno, investigar todo eso como actor, el hecho de tener que amoldarte, que es algo tan de nosotros, de los actores. Investigar sobre eso: ser querido. Que en definitiva es parte de todos los problemas nuestros, del ser humano. Ser aceptado. Eso me hizo crecer y conocer más de mi mismo. Y también al otro, porque cuando uno investiga sobre un personaje, conoce más a los otros seres humanos y comprende más. Ese es un personaje y sigo amando.

También los malos. Porque, en el otro trabajo que comenté anteriormente, “Sacco y Vanzetti”, el personaje del Fiscal tenía un monólogo que no estaba completo sino que lo habíamos cortado, pero era de una inteligencia increíble. Yo me puse en la piel de este tipo… pensé de la misma manera en que pensaría este tipo. La mejor crítica que pude haber recibido fue una vez que me dijeron: “¿sabés que se ve?, que vos no lo criticás al personaje”. Yo, arriba del escenario, no lo crítico, no digo: “yo no soy malo, yo no soy ese hijo de puta”, no, claro que soy ese hijo de puta. Es eso, preguntarse cuáles son las ideas de ese personaje.

Estas son las cosas por las que me gustan los personajes y me gusta trabajar.

Y lo peor… me ha pasado tener un personaje maravilloso, una obra maravillosa, un elenco maravilloso y de pronto que no se concrete el trabajo. Y quizás no me ha pasado lo mismo, o no lo sentí de la misma manera con personajes chiquitos. Pero sí me ha pasado con algunos protagónicos. Me pasó con “El señor Puntila y su criado Matti” de Bertold Bretch, yo hacía del Sr. Puntila, protagónico absoluto… y yo quería bajar la obra… deseaba que termináramos. Me parecía espantoso lo que estábamos haciendo. Me dolió muchísimo porque me pareció que podríamos haber hecho otra cosa, pero bueno… y de todas maneras tuvo éxito, anduvo muy bien.

Y también, ya que viene a colación lo quiero remarcar, otra experiencia similar fue “Rey Lear” con Jorge Lavelli… Lavelli es un gran director, conocido mundialmente, pero para mí es de esos tipos de directores que vienen con un proyecto y no trabajan con el actor. Te marca todo lo que tenés que hacer y no te permite laburar. Habíamos hecho una charla y alguien me dijo: “no, pero a mí me gustó el espectáculo, usted estaba maravilloso, Urdapilleta también…”, y yo le respondí “Bueno, eso es lo que ustedes recibieron, yo le digo lo que a mí me pasó como actor”. Me hubiera gustado investigar sobre el personaje que me tocaba hacer. El director marcaba mucho: yo tenía que leer una carta en la que decía que mi hijo se estaba poniendo de acuerdo con su hermano para matarme y quedarse con la herencia, entonces él me pedía que me apoyara en el otro actor para leer esa carta, él me daba la carta y yo la leía. Y el director me decía “no esperá… inclináte un poquito más, porque de esa manera no es realista”, y yo le preguntaba “pero ¿y la carta, cómo la estoy leyendo, qué me está pasando?”, y el respondía “no, esta bien eso”… Urdapilleta, recuerdo en un ensayo, estaba pasando una escena con una de las hijas que le decía “sos carne de mi carne” y un montón de otras cosas, y el director que le decía “pará, pará… no muevas tanto la mano derecha”… entonces bueno, esos directores yo… es un tipo talentosísimo, genial para algunas cosas, nadie lo discute, pero para mí, como actor, fue frustrante. Y he hablado con muchos actores a los que les ha pasado lo mismo. También hay actores que les gusta… no a Urdapilleta, él es un actor totalmente extrovertido, es un grande, trabaja de otra manera. Pero hay otros que les gustan las marcaciones y están totalmente de acuerdo con eso. Pero, en general, con los grandes actores, esto es difícil. Yo no trabajaría nunca más con Lavelli a no ser por una necesidad económica. Así me presentara el mejor proyecto de mi vida. Porque no fui feliz, y si de algo se trata todo esto, es de ser feliz.
Alumna. Ante todo quiero felicitarlo, ud. siempre ha sido un gran referente. No sólo por ser un excelente actor, de grandes dotes técnicos y artísticos, sino además y fundamentalmente por ser una excelente persona. En relación a esto le quería preguntar ¿qué opina del aspecto humano del actor y su relación con el otro?

Roberto C. Yo creo que es fundamental para un actor ser una buena persona. Es fundamental que se lo pueda mirar a los ojos. Que se pueda mirar con sus pares arriba del escenario. Que se lo pueda querer. Sobretodo en un grupo teatral. En televisión por ahí no, porque estoy un ratito, hacemos la escena, por cámara a veces ni tenés que mirar al otro personaje, es otra cosa. También pienso que en el cine puede pasar algo por el estilo. Pero para mí es fundamental, sobretodo en teatro. Un verdadero elenco debe estar constituido de buenas personas. Aunque sean geniales actores. Se han hecho maravillosos espectáculos con gente que no se quiere, que se odia. Sí, yo como público me siento y digo “qué bárbaro, que genial”, pero la experiencia te hace saber que a la larga o a la corta, esas cosas se notan. Yo desde hace un par de años, he rechazado varios trabajos porque está fulano de tal… por ahí puedo ir a cenar con él, charlar… y quizás hasta es buena persona (porque por algo iría a cenar)… pero no haría nada arriba del escenario porque no me gusta desde qué lado labura. Si no trabaja, me molesta… hay un gran actor que no lo voy a nombrar, es un actor maravilloso, pero es un delincuente, no trabaja, no le da importancia a nada; pega los papeles, no se sabe la letra. Son actores que en algún punto yo desprecio, porque el trabajo del actor, ¿de qué se trata?… de tratar de ser artista. Uno pone lo suyo, no es una cosa mecánica en la que uno dice “listo, me estoy ganando la guita”. Y de pronto, sí, vos ves que hace una escena y la hace maravillosamente bien, cuando de verdad se compromete, pero nada más. Después hizo la primera función, dos o tres funciones y el resto es un desastre. Y vos tenés que seguir trabajando todas las noches con él. Yo con ese actor no trabajaría. El actor que trata de ser protagónico cuando no lo es.

Yo prefiero trabajar con alguien con quien me pueda mirar a los ojos, con quien me pueda conectar. Yo creo en el grupo constantemente. Desde que comencé en San Isidro en adelante. Lo he intentado siempre. Trabajar con un grupo de gente con la que uno se lleva bien y que estamos todos en busca de un resultado grupal. Esto es lo que vale. El equipo, el grupo humano es fundamental. Así como en el fútbol también en el teatro. Estamos hablando de emociones que uno está poniendo en juego.

Después de más de dos horas de ávida conversación, este gran talento argentino, grande además por su humildad y dedicación, recibió el cálido y sostenido aplauso de los alumnos que tuvieron la oportunidad de acercarse no sólo a su vida, a partir de las anécdotas, sino además a la posibilidad de discenir sobre las actitudes y aptitudes éticas y profesionales de la interpretación dramática. Gracias Maestro.

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