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"Aguirre La ira de Dios" de Werner Herzog - Seminario de Cine Haynes + Haneke + Herzog

VIAJE HACIA EL FIN DEL MUNDO (primera parte)

Por Gustavo J. Castagna

En realidad, Werner Herzog viaja por el mundo desde los inicios de su extensa filmografía, que empezara en los años 60 y continúa hasta hoy. Pero, además, ya estaba en estado de trance desde sus primeras películas, en aquellas experimentaciones de la década, cuando el director recurrió a actores hipnotizados, enanos protagonistas, travesías demenciales en la selva y personajes ajenos a la razón y el sentido común.


Pero sería con AGUIRRE, LA IRA DE DIOS (1972) el film desde el que se empezaría a recordar el nombre del responsable de detrás de las cámaras. Desde su estreno en Buenos Aires, un año después, comenzaría el culto definitivo a una historia y a unos personajes delirantes en una zona del Amazonas a la búsqueda del paraíso perdido, la tierra prometida, el misterioso El Dorado para los indígenas del lugar. A Herzog siempre le interesaron los desafíos. Y le siguen importando en la actualidad, ya que filma incansablemente documentales y ficciones ya con sus 73 años a cuestas. Exploró montañas, ríos y desiertos, enfrentó tifones, ataques de tribus y abandonos de sus actores durante los rodajes. Pero también, soportó (y necesitó, claro) de la presencia de Klaus Kinski, su intérprete-fetiche en AGUIRRE, LA IRA DE DIOS; FITZCARRALDO; WOYZECK; COBRA VERDE y la remake de NOSFERATU, EL VAMPIRO.

En AGUIRRE, LA IRA DE DIOS Kinski es el personaje central y vital de la travesía por el Amazonas. Representa el poder con su cuerpo enjuto y su andar vacilante que lo acerca al Ricardo III de Shakespeare. Su mirada alucinada es la de Herzog detrás de las cámaras, sus impetuosas decisiones las comparte con el director, filmando la naturaleza con delectación, registrando el silencio, dando a conocer esos planos tan inquietantes de una balsa que lleva a un grupo de dementes ansiosos por la leyenda de El Dorado. La historia transcurre durante los primeros días del año 1561 cuando un grupo de españoles se separa de su líder –Pizarro- para emprender un viaje hacia la riqueza, o tal vez, hacia la nada. Y allí van los reyes derrocados, los nuevos emperadores, el Ricardo III herzogiano: ambiciosos, soberbios, delirantes, arrogantes. Intentando llegar a lo divino, como si fueran dioses en estado de éxtasis, creyéndose imbatibles, eternos, invencibles.  Discutirán con los indígenas, sobrevivirán a la muerte –algunos pocos-, y hasta se encontrarán con un pueblo arrasado por una tribu de antropófagos, resistiendo a los embates del clima con sumo esfuerzo. Pero seguirán adelante, como hacen todos los personajes de Herzog.

AGUIRRE, LA IRA DE DIOS, como la mayor parte de la filmografía del director, es una película que solo pudo concebirse desde la cabeza de un cineasta nacido en Alemania. Voluptuosa en su temática, trascendental en sus intenciones, eficaz en sus propósitos definitivos. No es casual, en ese sentido, que Herzog haya surgido de una cinematografía que tuvo como referente, durante dos décadas, a la directora nazi Leni Riefensthal: el cine como aventura, el celuloide como riesgo permanente, la pantalla diabólica, como dijera la experta teórica Lotte Eisner, resucita en las imágenes de AGUIRRE, LA IRA DE DIOS. Y, como bien se observa en el desenlace, el hombre solo luchando y sobreviviendo frente a las circunstancias. Muy solo se diría, pero después de haber alcanzado o acaso superado a Dios.

 

 

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