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"El Ansia" de Tony Scott - Seminario de Cine y Rock

NOSOTROS NO QUEREMOS ENVEJECER

Por Gustavo J. Castagna 


En los inicios de los 80 el apellido Scott solo refería a las reverencias que la crítica y los fans le hacían al cineasta Ridley Scott, quien ya había construido una trilogía inicial (Los duelistas, Alien, Blade Runner) para resguardo de la buena memoria del cine. Por ese entonces, la actriz y estrella Catherine Deneuve –como ocurre hasta estos días- trabajaba incansablemente en películas de autor y en otras de inmediato impacto económico; en tanto, Susan Sarandon, con un puñado de papeles, aun oficiaba de intérprete secundaria. David Bowie, por su parte, editaba el LP “Let’s Dance” con los exitosos cortes “Modern Love”, “China Girl” y el tema que diera título al disco, comenzando su peregrinaje por la década donde transmutaría de estrella espacial a estrella del rock. A este grupo de nombres trascendentes se le sumaría uno todavía desconocido: Tony Scott, hermano de Ridley, director publicitario hasta el momento, que debutaría como realizador con EL ANSIA, protagonizada por esa dupla estelar. Pero el paisaje de entonces ya había tenido su embrión original a través de un dato no menor: desde el 1 de agosto de 1981, con la exhibición del clip “Video Killed the Radio Star” de la banda The Buggles, MTV había comenzado su historia.


Este extenso prólogo, necesario para entender un contexto determinado, es el que incidiría en la opera prima de Tony Scott, que decide narrar una historia de vampiros con estética gótica, tomando como centro a la pareja central, John y Miriam Blaylock (Bowie, Deneuve) y sus ansias por alcanzar la eternidad.

El comienzo de EL ANSIA no puede resultar más ejemplar desde sus decisiones estéticas y temáticas. Un pub gótico, una jaula, la, música que ya suena desde los créditos, violentos cortes de montaje que certifican el período en que fue concebido el film. Suena “Bela’s Lugosi Dead” desde la voz y presencia de Peter Murphy, líder de la banda Bauhaus, en una versión más reducida que la original (10 minutos), en tanto, entre los concurrentes, empieza a visualizarse a dos aristocráticos y señoriales personajes.

El matrimonio Blaylock  sale a la búsqueda de sus presas y la iconografía vampírica estalla en mil pedazos, Murphy deja de cantar para gesticular y los cuerpos necesitados y con sangre manchando la piel ya pueden descansar tranquilos. La eternidad de los Blaylock, por lo menos hasta ahí, está asegurada.

La mixtura estética tiene su primer triunfo: el origen publicitario de Tony Scott mira de reojo a los primeros años de MTV convirtiendo al inicio de EL ANSIA en una batería de ideas visuales donde se mezclan el pop y el gótico y la transversalidad dark junto a la mirada fashion que el mismo Bowie, justamente, había refundado con el tema y el videoclip “Fashion”, editado en “Scary Monsters” (1980).

EL ANSIA es eso: la sabia combinación de texturas visuales e influencias genéricas envasadas en un gran packaging donde tiene lugar la seducción heterosexual y lésbica que proponen los vampiros como personajes más el regodeo del director en un diseño de producción donde se convoca al arte del Renacimiento y del Antiguo Egipto con el afán de una pareja de personajes que no tiene ganas de morirse. Habrá otras víctimas de los Blaylock, momentos en los que Scott vuelve a recurrir a la instantaneidad del montaje y a las gotas de sangre que surcan violines y partituras musicales. Y cobrará importancia dentro del relato la doctora Sarah Roberts (Sarandon), experta en geriatría, deseada por Miriam y seducida por la extraña pareja, que vive en una mansión acorde a sus gustos estéticos.

El beso de la muerte a un rostro surcado por el cruel paso del tiempo no impedirá que la herencia continúe. Al fin y al cabo, los vampiros siempre necesitarán algo más de sangre.

CODA: BOWIE PARA SIEMPRE

El 8 de enero se fue a un mejor planeta que éste pero su música permanece por medio de sus mejores discos y de los más flojos y a través de su capacidad para reconvertirse una y otra vez y vampirizar de la mejor forma aquellas novedades que escuchaba alrededor. David Bowie, artista multifacético, también fue una notable presencia actoral en las imágenes. Además de su estilizada composición (física, gestual y de vestuario) de EL ANSIA, va un breve recuerdo de sus mejores papeles:

GIGOLÓ (1976) de David Hemmings. La androginia del personaje valiéndose de su seducción en un film fallido donde Bowie salva algunas escenas.

EL HOMBRE QUE CAYÓ A LA TIERRA (1976) de Nicholas Roeg. Un papel a la medida para que Mr. Bowie aterrice en el planeta con su androginia heredada del glam rock de sus primeros años de músico.

FURYO / FELIZ NAVIDAD, MR. LAWRENCE (1982) de Nagisha Oshima. Tal vez su mejor papel en cine interpretando a un militar británico preso en un campo de concentración japonés. A puro cruce de miradas, Jack Celliers (Bowie) seduce al feroz jerarca del lugar, encarnado por el músico y actor Ryuchi Sakamoto.

LABERINTO(1985) de Jim Henson. Jareth, el rey de los Goblins gobierna ese mundo cargado y kitsch asustando a una adolescente. Film referencial para el target 13-16 años de entonces.

LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE CRISTO (1988) de Martin Scorsese. Bowie en un breve y jugado papel personificando a Poncio Pilatos en la visceral y violenta visión cristiana de un gran director.

TWIN PEAKS: FUEGO CAMINA CONMIGO (1991) de David Lynch. Menos que secundario rol pero ideal para el universo del cineasta.

BASQUIAT (1992) de Julian Schnabel. Bowie Es Andy Warhol transmitiendo amor y odio al malogrado artista de grafiti. La mejor cabellera blanca ficcional de la historia del cine.

 

 

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