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"La Mosca" de David Cronenberg - Ciclo de Cine de Ciencia Ficción

TENGAN MIEDO… MUCHO MIEDO

Por Gustavo J. Castagna


Con esas cuatro palabras, junto a los puntos suspensivos, el afiche local de LA MOSCA (1986) de DAVID CRONENBERG ocupó más de un espacio por las calles de Buenos Aires de hace 30 años. En efecto, la repercusión que tuvo el film en su momento colmó los deseos de distribuidores y exhibidores en una época donde el terror y la ciencia ficción traían más de un rédito económico inmediato y contundente. Siempre existió un público adicto al género (como ocurre en estos días, tal vez, inexplicablemente, con el éxito de un mamarracho fílmico como ANNABELLE 2). Pero, en aquel entonces, títulos de John Carpenter, Dario Argento, Brian De Palma, Wes Craven y tantos más, acondicionados o mixturando el terror y la ciencia ficción, se traducían en butacas ocupadas y dinero contante y sonante.


También el canadiense Cronenberg, a través de LA MOSCA, ampliaría las arcas monetarias del negocio cinematográfico local. Cuestión que no había ocurrido con algunos de sus títulos anteriores, estupendos en lo suyo, pero de escasa repercusión (su segundo film RABIA con la actriz porno Marilyn Chambers-, que por acá recibió el título de FOBIA) o de mediano alcance económico (la particular adaptación de LA ZONA MUERTA, el texto de Stephen King). En cuanto a ausencias, que luego serían subsanadas por sus respectivas ediciones legales en video hogareño, ya que nunca fueron estrenadas en cine, allá por fines de los 80 aparecerían su opera prima (SHIVERS), su tercera película (CROMOSONA 5), su adicción fetichista a los motos (FAST COMPANY) y esa perfecta anexión de la carne y el metal en un futuro actual con la piel marcada por la herida y la cicatriz (VIDEODROME). Ni hablar de sus experimentos iniciales (STEREO, CRIMES OF THE FUTURE), conocidos en los 90.


Sin embargo, el culto al cine de Cronenberg había comenzado un día de 1983 cuando se estrena SCANNERS, aquella perfecta combinación de ciencia ficción, terror mental, terror a secas y cabezas que vuelan en pedazos.


LA MOSCA viene a cerrar la primera etapa del cine del director nacido en Toronto un día de 1943.

Se clausura con la historia del científico Brundle (notable Jeff Goldblum), experimentando en primera instancia con un bife, luego con un mono, más tarde con su cuerpo.

Se cierra esta maravillosa épica de la derrota de la ciencia, pustulenta, de piel dañada, de contacto adiposo con el metal, de sufrimiento o placer corporal debido a algo ajeno.

Se clausura con una conjunción de terror y ciencia ficción, de historia de amor desenfrenado, de sexo sudoroso y placentero, de polvos que complacen y que más tarde dañan al otro, de relectura del mito de la Bella y la Bestia, de descomposición corporal que llega a la degradación física y a la enfermedad que no puede detenerse.


Se cierra con una hermosa historia romántica entre Brundle y la periodista que interpreta Geena Davis (y su piel muy blanca y seductora) que se verá neutralizada por un error fatal, una maldita mosca que se introduce en una de las cabinas de teletransportación del infatigable científico.

Se clausura con una gran escena onírica, aquella del horrible parto, clásica en su género, recordada por los fans de Cronenbeg (me incluyo), autocitatoria por quien hace de doctor y que toma en sus manos a esa espantosa criatura recién nacida.

Se cierra con este exquisito ejemplo de descripción de la vida de un científico, solitario, extremadamente riguroso en lo suyo,  calculador al máximo, paciente y seguro de su futuro triunfo, que no podrá detener una derrota dolorosa y extremadamente cruel.


Se clausura con cuatro, cinco locaciones, no más, ya que el maestro Cronenberg no necesita de personajes secundarios gratuitos ni de la construcción de ambientes ajenos al territorio del científico (su particular laboratorio), la casa de la periodista y su lugar de trabajo. ¿Para qué más?

Y finaliza esta etapa con una obra maestra ajena a cualquier envejecimiento estético, con un ejemplo que reformularía a la ciencia ficción como género en esos años 80 desde la perspectiva de un científico, ajeno a una creencia religiosa, confiando en su propio conocimiento y sabiduría que no podrá impedir una fatal intromisión en su cuerpo/cabina experimental.


Luego de LA MOSCA vendrán otras películas extraordinarias, como la siguiente PACTO DE AMOR y los ginecólogos siameses encarnados por Jeremy Irons.

Y así sucede hasta hoy con Cronenberg, quien más allá de algunas pequeñas grietas en su obra, conforma uno de los nombres esenciales del cine de las últimas décadas.

Pero LA MOSCA siempre será de las películas indiscutibles.

Por más que le arruine la vida (y el cuerpo) al inquieto Seth Brundle.

 

 

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