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"Safe" de Todd Haynes - Seminario de Cine Haynes + Haneke + Herzog

LAS ENFERMEDADES DEL SIGLO XX

Por Gustavo J. Castagna

Una película como SAFE, segundo título de Todd Haynes luego de la inicial POISON, se relaciona con LEJOS DEL PARAÍSO, el opus que el cineasta nacido en 1961 realizara luego de VELVET GOLDMINE, ya exhibida en el presente seminario.


Y esto no solo se debe a que los conflictos de ambos títulos tengan parentescos entre sí y que los protagónicos siempre desbordantes de talento le pertenezcan a Julianne Moore (en ambas encarnado a esposas que ocupan un lugar secundario en el matrimonio). En ese sentido, Haynes expresa sus conocimientos en una rigurosa exploración de época –LEJOS DEL PARAÍSO transcurre en los años 50, en tanto, SAFE recorre la segunda mitad de los 80-, a través de la reconstrucción de aquel paisaje que propone la escenografía y el vestuario. Pero el director no se queda en eso: ocurre que ambas historias vienen a romper con una rutina social y de pareja, llegan y remueven los cimientos del confort y la seguridad económica, actúan como detonantes y quiebres de un mundo regido por ciertas normas aparentemente inquebrantables que se verán acosadas y sometidas por algo nuevo. Esa novedad, en el caso de LEJOS DEL PARAÍSO, repara en el descubrimiento de la homosexualidad de un hombre casado con el personaje de Julianne Moore, en plena pos Segunda Guerra Mundial, en un pueblito acogedor en donde el chisme y el qué dirán están a la vuelta de la esquina. Esa nueva visión del mundo que tendrá la atribulada esposa, instada a dudar de la posibilidad de que se le apliquen electroshocks a su marido para así “eliminar” el mal que invadió su cuerpo y su sexualidad, ya había tenido su primera exposición en la enfermedad que padece el personaje central de SAFE.

“A salvo de” parece estar Carole White en su confort social y económico de San Fernando, en el valle de California y dentro de una época en que el flagelo del Sida y sus cuatro letras que asignaban una imparable decrepitud física que llegaba a lo mortal (por esos años se conoció la historia del actor Rock Hudson y su lucha con la enfermedad), No es casual, por lo tanto, que Haynes ubique su relato en ese paisaje y en ese marco social y religioso que caracteriza a la pareja que conforma Carol (brillante, Julianne Moore, como –casi- siempre) y Greg White (Xavier Berkeley), millonarios, de tez bien blanca y de creencia protestante. Parsimoniosamente pero con la suficiente intensidad para que el espectador comience a inquietarse, Carol sufrirá síntomas de una enfermedad aun sin nombre que por aproximación se denomina como “ambiental”, que provoca la reacción de un paciente frente a toda clase de químicos. Análisis médicos, la posibilidad de que un psiquiatra cura las dolencias y otras visitas y chequeos rigurosos solo servirán de preámbulo a que el personaje de Carol abandone toda cuestión citadina, se aleje de ese mundo construido desde la seguridad y trate –por lo menos- de encontrar una salvación bien lejos de su casa y su pareja, junto a otros sujetos parecidos a ella, quienes reciben los consejos de una especie chamán sin disfraces que oficia de líder de esta secta desplazada de un supuesto mundo real.

La puesta en escena de SAFE, a diferencia de la inolvidable pirotecnia visual y sonora de VELVET GOLDMINE, elige el terreno de la austeridad y el (casi) total despojamiento, provista de una cámara lejana a los personajes que le permiten a Haynes encuadrar a la perfección a un mundo que parece sobrevivir dentro de un laberinto sin salida alguna. La apuesta metafórica, en ese sentido, prevalece sobre el realismo descarnado de algunas escenas, en especial, aquellas que reflejan una especie de invasión maligna en el cuerpo de la desconcertada Carol. Las enfermedades de la última parte del siglo XX, parece decir (nos) Todd Haynes, son aquellas en donde el mal incomoda más allá del organismo perjudicado. Esa sensación de inestabilidad física, pero también emocional y mental, es la que se manifiesta en las dos horas de SAFE. Una inestabilidad que también parece recorrer un camino repleto de obstáculos que no anunciaría ni una mínima hipótesis de salvación y redención.

 

 

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