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Criatura de la noche seminario sobre cine de culto

UN AMOR SANGUINEO

Por Gustavo J. Castagna


Låt den rätte komma in es el título original de este film sueco de 2008. Let the Right One In fue el que recibió al momento del estreno en Estados Unidos, que por aproximación al español sería Déjame entrar. Pero cuando la película estuvo en Argentina solo un par de semanas en cartel durante diciembre de 2009 los distribuidores le colocaron el cartelito de Criatura de la noche. Para complicar más las cosas, dentro de una semana se estrena Let the In, la remake norteamericana de Let the Right One In que llevará el título, ahora sí, de Déjame entrar.


Ya está. Luego de este prólogo políglota que deseo no haya llegado a cierta confusión cercana a la demencia a quien lee este comentario, aquello que interesa es que Criatura de la noche (aun con disgusto, aprobemos este título) es una gran película de un cineasta desconocido por acá y con un par de jóvenes intérpretes con una notable química. El paisaje invernal de un Estocolmo de monoblocks de clase media es el ambiente ideal para se produzca una historia de amor entre un niño al borde de la adolescencia, acosado y maltratado por sus compañeros de colegio, y una niña, recién llegada a esa paraje nevado, quien no padece el frío, anda descalza y resulta extraña para las familias del lugar. Pero la película va más allá (aunque nunca deja de afirmarlo) de la historia de amor entre los niños de 12 años. Múltiples subtramas subyacen en Criatura de la noche: familias disfuncionales,


personajes que bordean o superan una psicopatía enferma, una banda de chicos del colegio que desprecian al joven protagonista (una especie de Patito Feo dentro de los parámetros institucionales), los temores que arrecian cuando se vive la etapa de transición entre la niñez y la adolescencia, la soledad que puede vivirse en esos años dónde uno no sabe hacia dónde ir. Por ese motivo, Oskar establece amistad con la niña Eli, la necesita imperiosamente, quiere que esté cerca suyo, aunque sea para cruzar algunas palabras, en tanto él se arropa por el frío y a ella no le ocurre nada con la temperatura casi en cero. Oskar construye su mundo oscuro, vengativo, necesario ante tanto maltrato, desde la figura grácil y frágil de Eli. Obviamente, Eli existe porque la vemos en imágenes, pero también puede tratarse de una construcción imaginaria del golpeado y humillado Oskar. La imperiosa necesidad de tener a alguien cerca durante esos terribles años de la niñez, no solo para hablar con ella, sino también para hacer soltar el lado oscuro, el otro yo, el subsconciente frente a todos los males de ese mundo, de ese lugar, de cualquier lugar posible.


Y que Eli sea una niña vampiro, que necesita sangre con urgencia, hace mucho más atractiva y genialmente austera desde la puesta en escena a una película como Criatura de la noche. En efecto, estas son mordeduras que vale la pena ver.

 

 

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