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Irma Vep de Olivier Assayas - Seminario sobre Cine de Culto

EL CINE Y SUS FANTASMAS

Por Gustavo J. Castagna


Varios temas y subtemas, tramas principales y secundarias, intertextos, homenajes, referencias, citas e invocaciones al cine conviven en la hora y media de IRMA VEP, acaso uno de los títulos esenciales del cine europeo de los 90, mirando hacia la cinefilia de antaño, pero también, articulando un discurso que observa a las imágenes por venir. En principio, se trata de una (otra) película sobre el cine dentro del cine, concebida por un director de prestigio (Olivier Assayas) que explora la remake de un serial de culto de la época muda como Les vampires (1915) de Louis Feuillade, a punto de ser rodada por el cineasta de ficción, el dubitativo René Vidal, interpretado por Jean-Pierre Léaud, fetichismo viviente de la nouvelle vague a través de las obras maestras de Francois Truffaut y Jean-Luc Godard. Aparecerá una actriz china, la excesivamente hermosa Maggie Cheung haciendo de sí misma e intentando, desde los consejos de Vidal, meterse en la piel de Musidora, aquella diva de los años silentes. Y habrá una protagonista inesperada, la vestuarista que encarna Nathalie Richard, fumadora empedernida y mujer inquieta que se siente atraída por la figura y el traje negro de látex que lleva Maggie Cheung en el revival de Les vampires.


Pero IRMA VEP (anagrama de Vampire) no se queda en el homenaje por aquellos buenos y silenciosos tiempos. No construye, como tantos films, una elegía a la melancolía por el blanco y negro y los misterios sin audio que proponía la estética del cine mudo. IRMA VEP habla de muchas más cosas: el estado del cine en los 90 hasta estos días; las tensiones que se producen en un rodaje en el cual un director no está conforme y seguro de sí mismo con aquello que filma; las referencias a las remakes y la necesidad de (re) construir algo que ya se hizo; las filosas ironías que Assayas explaya sobre el cine de autor y la presuntuosidad y arrogancia de algunos (¿todos?) cineastas francesas; los fantasmas que arrecian cuando se observan determinadas imágenes, y por supuesto, al momento en que la pantalla queda en blanco, muerta, inerte, sin nada o poco que transmitir.


IRMA VEP no es una película de digestión fácil. Tiene el aspecto “cool” de otros títulos de Assayas (CLEAN; DEMONLOVER; THE BURNING GATE), incluyendo un grandioso tema de Sonic Youth y una oda musical a la melancolía que se oye en los créditos finales, titulada Bonny and Clyde, en una última y transparente cita al cine. También tiene a Maggie Cheung, ya conocida por entonces como modelo y actriz en Hong Kong en muchas películas, entre otras, junto a Jackie Chan, y desde inicios de los 90 en adelante, intérprete fundamental del director Wong kar-wai (In the Mood for Love/Con ánimo de amar, por ejemplo). Por si fuera poco, plantea dilemas estéticos, conceptuales, teóricos y hasta filosóficos sobre el cine y la representación, el rol que ocupa el director en una película actual, las modas y marcas de una época, la necesidad de volver hacia atrás en el tiempo para comprender mejor al presente.


Sin embargo, pese a su supuesto hermetismo, IRMA VEP es una película extraordinaria y necesaria, que no necesita responder a casi ninguno de los interrogantes que plantea en su desarrollo. En ese punto, los últimos cinco minutos del film hacen convivir pacíficamente y con un apabullante ingenio y sutileza, el clasicismo y la modernidad, el cine mudo y el sonoro, el pasado y el presente. Todo ello pese a que, tal como se observa, la pantalla queda definitivamente en blanco, poblada por fantasmas, que no son otros que los fantasmas del espectador, es decir, los nuestros, nada más y nada menos que eso.

 

 

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