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Mystery Train de Jim Jarmusch - Encuentros con el Cine de Culto

¿EL REY ESTA VIVO?

Por Gustavo J. Castagna


Hace algunso años el huracán JJ arrasó con premios en festivales indie a través de películas cool que deleitaron a un espectador necesitado de innovaciones dentro de un cine periférico al industrial, al mainstream norteamericano vía Hollywood. Ese tsunami de originalidad y talento tuvo su época de gloria durante diez años, los que mediaron entre PERMANENT VACATION, opera prima de JJ y los tres episodios que representan a MYSTERY TRAIN. En el medio de ambas, STRANGERS THAN PARAIDSE (Extraños en el paraíso) y DOWN BY LAW (Bajo el peso de la ley), ese díptico que consagró a Jarmusch, esas dos historias de humor minimalista en blanco y negro, esos extensos fundidos en negro que tipificaron un estilo, aquellos actores, técnicos y músicos amigos que conformaron el clan de Jim, el grupo cool al que todos envidiaban en su momento, en esos años 80 donde JJ era el rey del cine independiente, de una forma de hacer y producir cine que parecía haberse perdido desde los tiempos gloriosos del maestro John Cassavetes.



MYSTERY TRAIN abandona el blanco y negro y elige el color, pero el color no es invasivo ni chillón, sino leve, gris, minimalista en la elección de la paleta cromática. Es que los tres capítulos del film suceden en Memphis en la tierra de Elvis Presley, el Rey muerto que reaparecerá como fantasma en presente, aunque el territorio a explorar por Jarmusch siempre tendrá al gran monarca en fotos, música, conversaciones, transmutaciones. Las tres historias son distintas pero tienen sus puntos en común. En la primera, una joven pareja de japoneses intenta escarbar en las raíces de esa ciudad donde nació el Rey, razón por la que visitarán Sun Records y recorrerán las calles a la búsqueda del mito. En la siguiente, una mujer italiana despide los restos de su pareja y, por vía del azar, conoce a una chica abandonada por su novio. Y juntas pernoctarán en el hotel – el mismo lugar donde estuvieron los protagonistas del primer capítulo- que regentean dos negros en actitud zen frente al mundo. Y el Rey dirá presente, en actitud fantasmal.

Finalmente, la tercera historia muestra la violencia visceral de esa ciudad que ya no es aquella adonde el Rey grabara sus primeras canciones. El esquicio lo protagonizan tres hombres: uno abandonado por su novia, el otro sin empleo, un tercero que intentará mediar entre los dos.


Pero si se trata de un film de Jarmusch el sedentarismo queda de lado. Habrá trenes, autos, movimiento permanente, gente caminando mientras la cámara acompaña a través de travellings laterales, conversaciones supuestamente banales, tiempos muertos, silencios interrumpidos por palabras disonantes, expresados en voz baja, de manera tenue, susurrante. O acaso un disparo pueda actuar catalizador de otras historias, aquellas que vendrán más adelante en la filmografía del director, aferradas a otros viajes, tal vez menos originales que los de su primera y original trayectoria inicial como cineasta. Cool, claro.

El seleccionado de MYSTERY TRAIN es imbatible y representa a la familia Jarmusch de entonces. El fotógrafo Robby Müller, el músico John Lurie (actor en STRANGER THAN PARADISE y DOWN BY LAW), Tom Waits desde la voz en off como presentador de los temas de Elvis a través del éter. En la segunda historia, la viuda es Nicoletta Braschi, esposa del clown Roberto Benigni, que ya había trabajado con Jarmusch y que reaparecería en UNA NOCHE EN LA TIERRA, siguiente film del director luego de MYSTERY TRAIN. Y en el tercer segmento, Steve Buscemi es uno de los tres personajes que huyen de todo y que terminarán pernoctando en el mismo hotel donde transcurrían las dos historias anteriores. Sin embargo, otro de los papeles centrales lo corporiza, nada más y nada menos, que Joe Strummer encarnando a Elvis. Sí, Jarmusch transformó en actor al líder de The Clash, lamentablemente fallecido hace algunos años. Por si fuera poco, el veterano encargado del hotel es el blusero Screamin´Jay Hawkins. Y hay otros cameos de músicos y gente muy cool.


Pero el personaje central, esté o no en cuadro, es otro: aquel que cantaba e incendiaba la ropa íntima de las mujeres en los años 50 y 60. The King is Alive!

 

 

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