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Crítica de “Relatos Salvajes” de Damián Szifrón

Son seis cortometrajes -por orden de aparición: “Paternak” con Darío Grandinetti, “Las Ratas” con Rita Cortese y Julieta Zylberberg, “El más fuerte” con Leonardo Sbaraglia, “Bombita” con Ricardo Darín, “La propuesta” con Oscar Martínez y “Hasta que la muerte nos separe” con Érica Rivas- y como tales, independientes unos de otros, encauzados lógicamente por la temática que el título y su slogan sostienen: ¨Relatos Salvajes. Todos podemos perder el control”.


Por caso, no siempre la pérdida del control es lo que depara al final de cada historia. En alguna de ellas, el cometido es retomar el control perdido en el disparador mismo de su argumento.

Pero siempre se trata de personajes “empujados u obligados” a tomar decisiones o elecciones, según el caso en que haya o no más de un camino.


Y en esta toma de partido que hacen los personajes (y el director) es donde aparece la densidad ideológica de “Relatos Salvajes”, su estatuto moral. Pero hablar seriamente de esto, implicaría revelar la trama de cada una de estas historias; y esta es una película en la que el argumento es extremadamente importante ya que se erige desde la lógica del factor sorpresa. Por esto, el suspenso es el alma de este largometraje, y algunas veces en el sentido hitchcockiano del término, en el que nosotros como espectadores sabemos más que algunos de los personajes, como en el caso de los cortos protagonizados por Darín, Rita Cortese u Oscar Martínez. En los otros, conocemos sus alternativas junto a ellos, pero no sabemos hasta último minuto cuál será la decisión y mucho menos el desenlace.


Justamente por esto, la gran virtud de “Relatos Salvajes” es su asombrosa intensidad. Las dos horas de película se pasan volando y mucho tiene que ver el hecho de tratarse de historias breves que empiezan y terminan. De cualquier manera, sería injusto dejar de lado el otro gran mérito que supone esta intensidad que es sencillamente, la puesta en escena. Damián Szifrón es realmente y ante todo un narrador. Con todas las letras. Desde la utilización de cada uno de los elementos que contemplan la puesta en escena cinematográfica, incluyendo obviamente la dirección de actores y fundamentalmente, el tono de relato. Algo que en esta entrega Szifrón puede subvertir a su gusto intercalando entre el humor, el absurdo, la violencia y por qué no, el terror. Historias algunas, que de tan absurdas no pueden sino ser otra cosa que cómicas, historias otras que de tan intensas generan horror, ese horror de descubrirnos identificados y ante la posibilidad de ser quien pierde el control, otras las más gimnásticas, que nos hacen transpirar de tanta violencia. Y en este punto se puede decir que “El más fuerte” protagonizado por Sbaraglia, además de responder cabalmente a este tono de violencia asfixiante contiene sin dudas una de las mejores escenas de pelea jamás filmada en el cine argentino. Así como la actuación de Leonardo, como también la de Oscar Martínez en “La Propuesta” son impecables. Este último quizás en la vereda de enfrente en términos de tono. La tragedia le va dando cada vez más lugar a la comedia, a partir de la irrupción de la corrupción costumbrista que supo sobrevolar también varias escenas de “Tiempo de Valientes” y “Los Simuladores”.

La película contiene, en sus dos horas, una identificación irrefutable con el espectador, y el enorme atributo de la invisibilidad narrativa, rítmica y técnica. Por momentos es admirable como semejante mamut puede funcionar con engranajes tan silenciosos. Bajo la batuta de el gran narrador neoclásico que tiene el cine argentino. Esa intensidad tan magnánima, es la misma que se disuelve de a poco, es cierto, pero inexorablemente conforme nos alejamos de la puerta del cine. Nada nuevo ni malo, después de todo, la famosa máxima con la que Joseph Mankiewicz definía a Hollywood.


No es novedad desde hace años que lejos está Szifrón ya de los intereses de “En el fondo del Mar” con tiempos y argumentos menos televisivos y más autónomos; o quizás precisamente más interesado ahora por tomar partido, consciente que para erigir mainstreams hay que sortear astutamente el juego de la moral, proponiendo además películas más cerradas y compactas, con menos lugar a la reflexión posterior y a la ambigüedad y más concretas y certeras en términos narrativos y rítmicos. Todavía no llegó, en este camino que también contiene a “Tiempo de Valientes” a esa otra vereda. Nada de lo que Szifrón hizo en este nuevo camino en cine, no puede hacerlo en televisión. Sabido es que tenía y tiene dos guiones en los que trabajó mucho tiempo pero que por el momento no fueron considerados más por cuestiones de producción que narrativas. Y bien es sabido que “Relatos Salvajes” fue pensada, justamente para televisión. No hay entre “Relatos Salvajes” y “Los Simuladores” o “Hermanos y Detectives” mayores diferencias DE BASE. Más que presupuesto, casting y cosmetología de imagen. Seguramente, luego de este éxito, comenzaremos a ver al verdadero (y nuevo) Szifrón, el que hace rato dejó atrás “En el fondo del Mar”, y que todavía no sabemos hasta dónde puede llegar.


ROMÁN CÁRDENAS.

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